La utilización de los presupuestos como un potente instrumento de política económica se ha convertido en el paradigma de los Gobiernos actuales y acapara el debate político durante una buena parte del año. Los problemas que tiene la sociedad civil en su discurrir cotidiano son tomados por los gestores públicos, a las órdenes de la clase política, como simples expedientes administrativos que proporcionarán su solución, cuando en realidad estas “políticas públicas” son velos adornados con encajes tecnológicos de moda que impiden la visión de la realidad política.
Cada una de las actuaciones tributarias de las que hacen gala son velos fiscales que tapan los medios utilizados por el grupo dominante para perpetuarse en el poder. Proclamaron reducciones del IRPF (400 euros) para que los contribuyentes pudiesen afrontar sus cargas hipotecarias o para premiar la natalidad (ayuda de 2500 euros por nacimiento) y de paso animar el consumo nacional; debajo estaban las razones electorales que impulsaron esas medidas. Ahora anuncian un encaje de bolillos para eliminarlas a partir de un determinado nivel de renta, argumentando que con ellas se estaban beneficiando los contribuyentes de rentas altas, los números rojos de la tesorería son la verdadera razón del cambio. Eliminaron el Impuesto del Patrimonio, cedido a las Comunidades Autónomas, argumentando que actualmente tiene poca capacidad recaudatoria, pero el Estado se vio abocado a eliminarlo para evitar la competencia fiscal entre regiones porque algunas lo habían vaciado de contenido. Perdió la ocasión de reconvertirlo en un tributo exclusivamente estatal como el Impuesto de Sociedades.

Porcentaje de declaraciones y recaudación IRPF 2007 (datos de la AEAT y gráfico propio)
A diario vemos variadas representaciones de fantasías fiscales realizadas por la clase política y sus acólitos sobre la equidad del sistema tributario, pero la desnuda realidad los pone en su sitio. La estadística del IRPF de 2007 publicada el día 1 de julio por la Agencia Tributaria del Estado nos detalla, entre otras cosas, que hubo 18.702.875 declaraciones, de las que el 39% tuvieron una base imponible menor de 12.000 euros y el 28% entre 12.000 y 21.000, es decir, el 67% (más de 7 millones de personas) ingresó poco más de 1.000 euros mensuales. Otro 29% se situaron entre 21.000 y 60.000 euros y solo un 4% declaró más de 60.000 euros (de los que el 0.06%, 10.425, tenía una renta superior a 600.000 euros).
Según estos datos estaríamos viviendo en un país empobrecido.
¿Cómo es posible tal “nivel de pobreza” si el INE publicó para dicho año una renta nacional disponible de 18.941 euros por habitante? (Censo interanual estimado para dicho año: 44.874.000 habitantes).
A través de este documento se observa cierta progresividad
del impuesto ya que la curva de recaudación (amarilla) se desliza a la derecha con la campana situada en los tramos ocupados
por la clase media y media alta, mientras que la mayor parte de las declaraciones (línea roja) esta situada en los tramos de la clase media baja. El impuesto de la Renta se nutre fundamentalmente de los rendimientos de trabajo (86%), siendo la renta media declarada de 18.400 euros mientras que la de los rendimientos de actividades económicas fue de 10.146 euros.
Es decir el IRPF se está convirtiendo en un impuesto sobre los rendimientos de trabajo, ya que otro muchos rendimientos tienen algún tratamiento especial (algunos rendimientos de capital o los incrementos de patrimonio un 18%).
Es evidente que los que gobiernan no se enteran, se callan o
mienten y muchos ciudadanos, aprovechando los resquicios legales, declaran lo mínimamente imprescindible aprovechando
actividades económicas, fórmulas tributarias especiales, sociedades (entre ellas las famosas SICAV con el 99% de bonificación o las PYMES al 25%) o lugares fantásticos con baja tributación (paraísos fiscales).


